sábado, 31 de enero de 2015
Pintura desarchivada
Llevábamos varias horas sumergidos en unos ríos metafísicos terribles, la marea andaba fuerte, Sin notificar que nos hundíamos desembocamos en el mar, terminamos así en el fondo de este, nos quemábamos, el agua ardía, mis huesos hervían, supuse que los suyos también. De pronto comenzamos a jalar hacia la superficie, se oía el pulmón gritar por compasión, la respiración agitada ofrecía adrenalina, llegamos a superficie, arrojados juntos sobre la arena oscura con rastros de agua, la ola de vapor nos abrazaba, las reacciones químicas revivían alguna guerra mundial, había hielo afuera y por dentro solo lava. Al verle ahí utilicé técnicas de primeros auxilios, respiración asistida, boca a boca, sentía sus dientes hundirse en los míos, nuestros labios se mezclaban, hicimos solo un par, sobrevivió. Lucía maravillosa. Mientras perdía de vista mis dientes, mis manos, apresadas por la energía de nuestra marea inmanente, caliente, intenté quitar rastros del fondo que se adherían a su cabello sin compasión, lo cogí fuerte, me sostenía de este para no ser arrastrado, sus piernas yacían pulidas y teñidas de mis huellas digitales, su espalda era todo un mar, me sumergía en él y reviví toda una época, una gigantesca pintura honorable, barroco, la superficie fue todo barroco, no había centímetro en su piel donde mis manos no hayan estado, no quedaba lugar donde mis labios no se hayan fusionado, perdía mis extremidades, ardía, solo quedó un par de cada miembro, pero dos cabezas.
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